Escritura

Lo que sucede sin nombre. Lo que conecta sin palabras.

Estoy escribiendo una novela sobre personas que sueñan lo mismo sin conocerse.

Me interesa lo que pasa cuando dos extraños descubren que han soñado la misma imagen, la misma escena, el mismo gesto. Si se buscan, ¿qué encuentran? Si se evitan, ¿por qué? ¿Es casualidad estadística, conexión que no entendemos, una experiencia humana compartida que se manifiesta de forma parecida en distintas cabezas? Junto a ellos, otro personaje: alguien que ha hecho de coleccionar los sueños de los demás una forma de vida. Quiere entender por qué todos soñamos, y casi nadie habla de lo que sueña.

Es mi segunda novela. La primera, La espera, está terminada y en proceso editorial.

Lo que me interesa, en realidad, en ambas, es lo mismo: lo que sucede sin nombre. Lo que conecta sin palabras.

Cómo se está escribiendo

Esta novela no se escribe sola.

Llevo tiempo preguntándole a la gente qué sueña. Algunos sueños se parecen entre sí de un modo que cuesta explicar. Otros son únicos, intransferibles. Lo común es que casi nadie hable de los suyos.

Lo que empezó como una forma de buscar material para la novela se ha ido convirtiendo en algo más: un pequeño experimento sobre lo que compartimos sin saberlo, sobre los ecos que aparecen entre las imágenes que soñamos personas que no nos conocemos. Una manera de pensar la conciencia colectiva no desde la teoría, sino desde lo que la gente cuenta.

Por eso abrí un espacio en esta página para que cualquiera pueda dejarme un sueño. Anónimo.

Los sueños que reciba van a alimentar dos cosas a la vez: la novela que estoy escribiendo, transformados y sin atribución directa; y un archivo que con el tiempo me permitirá entender mejor un territorio del que todos formamos parte, y del que casi nadie habla.

Anónimo

Cuéntame un sueño

Si quieres, déjame uno. Cualquiera. Reciente o antiguo, breve o largo, claro o confuso. Lo que recuerdes.

Aquí no se piden nombres, ni emails, ni datos. Es anónimo. Lo que llegue va a quedarse en mi archivo y podrá inspirar, transformado y sin atribución, la novela que estoy escribiendo y el experimento del que forma parte.

La espera

Mi primera novela. Está terminada y en proceso editorial.

Ernesto es médico. Katya es psicóloga y cantautora. Se conocen en un bar por un malentendido, se quieren durante casi tres años, y se separan sin gritos: por la imposibilidad de decir a tiempo las cosas que importan. La espera es la novela de ese silencio.

El libro no avanza en línea recta. Comienza en el presente — Ernesto en un apartamento donde un paraguas que no es suyo lleva años detrás de la puerta — y se construye hacia atrás y hacia adelante alternando los dos puntos de vista, con saltos que reorganizan la cronología sin perder claridad. Cada capítulo siembra objetos pequeños — un mechón, una playlist compartida, un cuadro pintado, una libreta donde él escribe una sola palabra — que el final recoge.

La apuesta es estética: el lector aprende, capítulo a capítulo, a leer lo que se calla. Una taza que se enfría, un café que se hace sin pedirlo, una almohada fría, un olor que regresa años después. Lo importante no se nombra; ocurre alrededor.

Es una historia sobre cómo la vida se organiza alrededor de lo que aprendimos a no decir.

INADAPTARTE

Cuando hay algo real que contar, mando una nota a quien quiere quedarse cerca.

No es una newsletter de novedades ni de tendencias. Es lo que voy pensando sobre lo que se calla — en lo que dos personas no se dicen, en un consejo de administración, en un cuadro a medio terminar, en un sueño que alguien me cuenta. La misma obsesión aplicada a cada terreno donde vivo.

Sin calendario fijo. Sin spam. Solo cuando hay algo que merece escribirse.